7. Viernes 29: Vicenza

La idea es volver prácticamente a hacer el recorrido de ayer pero con más tiempo, tenemos todo el día así que por una vez no vamos a ir corriendo a todos lados. Además, conocemos ya los puntos críticos de la ciudad de la visita express de ayer. 

Para amenizar la llegada al centro de la ciudad, en el Teatro olímpico nos ofrecen un espectáculo típico español de manifestación con pancartas y banderitas y todo, muy típico nuestro pero que veo que por estos lares también se ha extendido. Eso sí, a pesar de todo está muy organizada la manifestación y nadie se mueve ni se sale de su sitio.  




Como ayer, terminamos en la Piazza del Signori y después de visitar las maravillas de esta plaza, y de sus enormes soportales que esconden tesoros culinarios y arquitectónicos impresionantes, nos encaminamos al Duomo, la espectacular catedral local. Si bien es un poco austera tanto por dentro como por fuera, lo que mas impresionan son las fotografías del estado de la catedral durante la WWII. En el exterior, una suntuosa estatua de Vittorio Emanuele II, el Padre de la Patria italiana, nos apunta a bajar al sur de la ciudad a través del Corso Palladio, la calle de las tiendas, la milla de oro de aquí hasta llegar a la Piazza del Castello. 




Aprovechamos para visitar las diminutas calles del centro de la ciudad, sus minúsculas y otras veces enormes iglesias y parar en un puente de flores sobre el rio desde el que se ve el puente por el que entramos por las mañanas: uno marca entrada y otro salida de la ciudad. 




El siguiente punto es la Piazza delle Erbe, como en Verona, pero más pequeñita, menos decorada y romántica y más fría, aunque digna de visitar por sus soportales (como no). Preside la plaza nuestro amigo Andrea Palladio, el arquitecto de casi todas las maravillas vicentinas. Además, como dije, al ladito de las otras piazzas... detrás de la Basílica. 



Momento para comer que tenemos hambre y no queremos que nos pase como ayer así que nuestro amigo ChatGPT nos recomienda algunos pero nosotros, mientras paseábamos vimos uno con muy buena pinta y nos dirigimos allí: la Osteria Il Cursore. Un acierto total... Muy rica pasta por poco precio. El local está lleno y la gente se está poniendo hasta arriba de comer, lo que denota la calidad de la comida. El vino de la casa... uyyy... pero el resto, muy recomendable. La verdad es que en Vicenza se come bastante bien; bueno, ¡y en toda Italia! 

El cafelito nos lo vamos a tomar en el café de ayer, que nos gustó y me quedé con las ganas del helado. Vuelta al centro de la ciudad. Y bien, la verdad es que Vicenza se ve en un día y es lo que llevamos así que por la tarde nos vamos a dedicar simplemente a ir de shopping y disfrutar de los encantos ocultos de la ciudad. Cuando nos cansemos, ensaladita y pal hotel ¡que mañana volvemos a Hispania! 

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